¿Y tú discriminas?

Entiéndase por discriminación toda distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil, o cualquier otra tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas, esto según la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación.

Es decir que la discriminación es un fenómeno social que desafortunadamente se presenta en todo el mundo y cuya práctica se ha llevado a cabo a lo largo de la historia, siendo víctimas de esta cientos de millones de personas, principalmente por su origen étnico, por alguna característica física, por su condición social o económica, por su sexo, religión, lengua, preferencia sexual y cuyas particularidades suelen ser motivo de exclusión.

Igualmente a lo largo de la historia se ha luchado por combatir y erradicar este flagelo que afecta a nuestra sociedad, tal y como sucedió en el año de 1789 con la declaración francesa de los Derechos del Hombre y el Ciudadano y cuyo artículo primero señalaba que todos los hombre nacen y permanecen libres e iguales en derechos y que las diferencias sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común; aunque desafortunadamente esta afirmación quedaría simplemente en el tintero.

La Organización de las Naciones Unidas también fundamento su compromiso en la búsqueda por la igualdad de los derechos humanos, aprobando la declaración universal de los mismos el 10 de diciembre de 1948 en Paris y con lo cual se establecería que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad, derechos y, dotados como están de razón y conciencia, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional y social, posición económica, nacimiento y cualquier otra condición.

En México no hemos sido ajenos a una búsqueda por la igualdad pues la lucha por los derechos humanos ha estado presente en prácticamente todos nuestros documentos constitucionales, desde los Sentimientos de la Nación de Morelos (1813), la Constitución de Apatzingán (1814) y más recientemente la igualdad del hombre y la mujer reconocida en 1974, los derechos de los pueblos indígenas en 1992 y 2001 y la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación publicada en el Diario Oficial de la Federación el 11 de junio del 2003.

Y aunque en el marco legislativo nuestro país ha logrado avanzar a pasos agigantados estas promulgaciones y leyes simplemente son letra muerta pues pocas veces se llevan a la práctica ya que ciertamente somos un país sumamente racista y es que todos nosotros hemos causado o recibido un trato desfavorable o discriminatorio muchas veces sin percibirlo o percatarlo, por prejuicios o por cuestión de valores convirtiéndonos en nuestros propios enemigos.

Y es que la discriminación en nuestro país es el pan de cada día, es palpable y evidente, se padece en las escuelas, en los centros comerciales, en los restaurantes, está presente en nuestro lenguaje y en nuestro actuar, es parte de ser indio, naco, morenito, gordo, prieto, joto, chacha, maricón, vieja, etcétera y cuyos preceptos a pesar de la creación de instituciones federales y estatales dedicadas a combatir la exclusión como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y la Conapred han ido aumentando considerablemente.

Hoy el gobierno de Enrique Peña Nieto busca dar un paso importante para ser pionero en la lucha por la no discriminación a través de la presentación del Programa Nacional de Igualdad y no Discriminación (Pronaid) el cual establece 35 estrategias y 244 líneas de acción para que desde el ámbito del sector público se evite cualquier acto de segregación, clasismo, homofobia, racismo y xenofobia.

Por primera vez nuestro país contará con un instrumento para combatir la exclusión por parte de los servidores públicos, pues en dicho programa se definen acciones obligatorias para toda la administración pública federal mediante la cual se promueve la prevención, protección y reparación del daño en caso de existir actos de discriminación.

Lo anterior como parte de las reformas a la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, mediante lo cual se fortalecieron las facultades del Conapred para imponer medidas a servidores públicos federales y a particulares, es decir eliminar cualquier disposición administrativa que fomente prácticas excluyentes.

Sin embargo no basta solamente con la acción del gobierno, tal y como lo menciono el Secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong quien enfatizó que para lograr un país sin discriminación se requiere de todos y todas en el gobierno, en los hogares y el trabajo, dejando atrás estigmas y estereotipos excluyentes.

Para lograr esto se debe trabajar en el ámbito legislativo estatal y esperar a que los gobiernos estatales y municipales realicen la tarea que les corresponde con la creación de políticas públicas que logren crear las condiciones necesarias para erradicar este mal que aqueja nuestra sociedad y desde luego la ciudadanía también debe contribuir con su granito de arena fomentando valores al interior de la familia para promover un ambiente de tolerancia y respeto.

Dejemos atrás frases como los asquitos, las lavadoras de dos patas, el matrimonio entre jotos, el trabajo que ni los negros quieren hacer, entregar el cuerpo, los matrimonios homoparentales que solo son una moda, ya no queremos ver alumnos que no pueden inscribirse a la escuela por su condición étnica, mujeres que no encuentran trabajo por estar embarazadas, mujeres que no son atendidas en hospitales por su condición indígena, personas que no encuentran trabajo por su edad avanzada, jóvenes que son sacadas de una cafetería por parecer vendedoras ambulantes, dejemos atrás los estigmas que nos han venido persiguiendo, no queremos cadeneros de bar que nos digan quien sí y quien no, es por esto la pregunta ¿tu discriminas?